9/5/13

Café de Grano


                                                             Café de grano
Trabajo en una pequeña pastelería en una ciudad pequeña, llueve casi todo el año y es un poco frío el día a día, la pastelería pasa desapercibida, ante los ojos comunes, siempre cuando alguien  nuevo  entra se percibe sus sentimientos de satisfacción, quizás porque encontró un lugar cálido, o quizás sea un ser solitario, o esa persona se encuentre totalmente feliz, o tenga un encuentro sutil con alguien o quiera  tan solo un simple café, en fin, existen tantas razones. En ese pequeño rincón de la ciudad pasan cosas lindas y sencillas, ya cuando la gente pide un chocolate caliente, para calmar el frío,  y probar un bocado de las cositas ricas que tenemos, siento la calma, y que la espera en ese momento es agradable para esa persona, y  si entró de mal humor baja sus decibeles hasta llegar a  observar los detalles de las paredes y sus cuadros, que su forma inicial -arrebatada-no le permite observar mas allá.
Es ahí en una de las  tantas esperas, y conversaciones,  un día entra un caballero que al parecer se escapó  de esas enciclopedias  que detallan  la apoca de oro de los años 20 el venia de esos libritos y fue a dar una vuelta, -algo así en mi cabeza-  este hombre ya era mayor, que aproximado  tendría unos 82 años, con sus lentes redondos, un poncho gigante, una pequeña boina, un bastón de acompañante, su estatura de 1.90 pero estaba  un poco encorvado por los años, y una gran barba,  se sienta  y me pregunta muy amable que café servía, le respondo café de grano artesanal, esboza una sonrisa y me pide un café de grano. Noté que miro al mostrador donde había un librito, que me salva en esos momentos cuando no pasa nadie me detengo a leer, y la verdad estaba leyendo algo  de la felicidad, vi que movió su cabeza de su poca aceptación y suspiró.
 Desde la entrada de este gran hombre algo en mi cambio, no de forma abismal, sino  con esos detalles que le dan sentido a la vida. Me contó sus aventuras por Sudamérica, me habla de su familia, con un poco de anhelo, él ha tomado una decisión rotunda y drástica, decidió ir a ver a una de sus hijas a Canadá, pero viajaría en bus por toda Sudamérica  y después se embarcaría en barco de cargas, mientras me contaba de su futura travesía con ansias, sus ojos rejuvenecían cada vez que detallaba algo más.
Yo asombrada  cuando iba a servir su café de grano,  me detengo y lo miro,  no pude contenerme en interrumpirlo sin decirle algo:
- Disculpe, pero no cree que es un poco arriesgado ese viaje, para un hombre de su edad -es ahí cuando llena la pastelería de risotadas, y me mira responde con una voz ronca:
- Jovencita, míreme, soy un hombre joven, mi mente aun quiere más de esta vida, yo quiero más, el espíritu es libre, no lo encierres, mi espíritu es libre y  me falta tanto por vivir, por aprender, que no puedo ser un hombre quejoso, y menos que mi propia mente me limite, la edad no es una excusa para decir: No puedo. La verdad las excusas son para limitarse a lograr las cosas, y bajar los brazos, de hecho me falta aprender más francés,  y otros idiomas y comprare unos diarios en ese idioma, para leer y seguir aprendiendo o hare un curso,-quedo pensativo por un momento.
En ese momento me cohibí porque él tenía más energías que yo, hasta un poco avergonzada de mi persona que he sido más quejumbrosa con solo 20 años, quede en silencio y lo miraba con admiración,  mientras tanto escuchaba sus historias por la amazonas, la pastelería seguía su curso normal, entraban familias a buscar  pedidos de tortas, y yo lo escuchaba atenta, me daba un poco ansias por vivir todo lo que el a he hecho en su vida, pero la verdad no sabía si creerle, aun así  lo escuchaba, hasta cuando  queda la pastelería en calma, sólo aquel hombre anónimo de la época de oro ,contándome de sus aventuras y su futura travesía, y  bueno, yo lavando los trastos, una aventura entre platos y tazas.
Escuché  por un instante que me llama insistente, y era mucho por limpiar, pero me acerque, no contuve la curiosidad, miro de reojo, andaba con un bolsito de cuero café  y me invita a mirar el contenido y no vi muy bien, me dice:
- Aquí  están mis tesoros, mi vida.
¡Eran fotografías ¡tanto en blanco y negro, algunas medias amarillentas y otras a colores, todas sus historias eran ciertas, fotos desde que el eran un joven hasta los avances de su vida, contaba toda su  vida esas ese papel, la verdad quede sorprendida y  mi admiración  aumentaba el hombre suspira y me habla con sinceridad.
- La verdad mi vida no ha sido perfecta, he cometido errores abismales, y sé que esos han sido los que me han hecho crecer y creer y ser más fuerte, me siento tan joven, pero encerrado en este cuerpo un poco añejo,-me mira a los ojos de forma constante y su tono de voz  toma fuerza-  No pierdas la vida  en aplazar momentos, porque pasan,  la vida no da oportunidades si tu no das pie a que te las den, así que como recomendación,  no se quede tanto tiempo con los sueños en la cabeza,  porque los ira guardando como los cachureos que uno junta en una pieza, y hasta quizás se te olviden. Vive por favor!, que el tiempo de vivir es ahora,  que el presente nos ayuda para el futuro, pero el futuro es un poco loco, da vueltas como el tango, el futuro y la vida son cómplices traviesos junto con el tiempo, que el sí que no espera a nadie, hasta anda más apurado, ellos nos cambian todo lo que creemos que siempre estará ahí, así que viva, no aplace más sus sueños ni a las personas, escuche a este hombre joven pero viejo, con un par de años más que usted, -se ríe un poco-porque créame que si un joven escuchara más al hombre joven viejo sería un poquito más sabio, y el hombre joven viejo sería un poco más joven con las energías que regalan los jóvenes a tantos  hombres y mujeres jóvenes viejos.
Creo que en ese instante quede con un nudo en la garganta, tenía mucha razón y quería seguir escuchándolo, justo cuando le iba a pedir algún correo u número de telefónico, algo para saber de él, solo le pude pasar el papel de la pastelería donde estaba la dirección y otros par de datos y solo puse mi nombre en el papel pero no le pregunte el suyo, y después sonó el teléfono, tenía que contestar llegaban más pedidos de tortas, me pidió la cuenta y me cancelo, justo cuando salgo a buscar las tortas, no me pude despedir de aquel hombre  joven viejo, entre a la pastelería y no estaba, fue extraño dejo un olor a tabaco y el olor de sus fotos entre humedad y tiempo.
Que un anónimo te regale tantas enseñanzas en un instante, no tiene nombre y precio. Su imagen me quedo muy guardada, su bolsito de cuero con sus tesoros: sus fotos. ¡Que contradicción! veo gente que acumula ¨tesoros¨  que no le sirven en nada, solo es un materialismo innecesario matando sutilmente nuestra esencia, y recuerdo a este hombre y  sus fotos eran la mejor herencia para cualquier persona en este mundo, eran su vida, sus recuerdos, eran él.
Ya ha pasado un tiempo aproximado de un año de aquella visita inusual, lo recuerdo de vez en cuando, y cada vez que puedo cuento la historia, pero un día en la pastelería llega una carta con estampilla de Canadá,   su carta era breve tan solo decía: Alicia  si yo puedo porque tu no?  Adjuntó una foto  donde el salía con su ponchito y saludando, atrás decía LLEGUE A CANADA! También en el sobre había  un par de boletos de buses y micros de Sudamérica, de Perú, ecuador, Colombia entra otros lugares, era del hombre joven viejo en un cuerpo que podría no acompañarlo, pero el sigue. Creo que no había sentido tanta felicidad   por un par de papelitos y hace tiempo que no me sorprendía de forma grata.
 Y ¿Qué espero? ¿Qué esperamos? Saquemos  nuestros sueños de maletas polvorientas que están en el cuarto de cachureos, y a cumplir los sueños, porque esta es la vida, y el tiempo avanza, no hay por qué detenerse sino seguir.
Un simple café de grano me dejo la lección y el recuerdo más simple y lindo de mi vida.
Pajaroerrante