Café de grano
Trabajo
en una pequeña pastelería en una ciudad pequeña, llueve casi todo el año y es
un poco frío el día a día, la pastelería pasa desapercibida, ante los ojos
comunes, siempre cuando alguien nuevo entra se percibe sus sentimientos de satisfacción,
quizás porque encontró un lugar cálido, o quizás sea un ser solitario, o esa
persona se encuentre totalmente feliz, o tenga un encuentro sutil con alguien o
quiera tan solo un simple café, en fin,
existen tantas razones. En ese pequeño rincón de la ciudad pasan cosas lindas y
sencillas, ya cuando la gente pide un chocolate caliente, para calmar el frío, y probar un bocado de las cositas
ricas que tenemos, siento la calma, y que la espera en ese momento es agradable
para esa persona, y si entró de mal
humor baja sus decibeles hasta llegar a observar los detalles de las paredes y sus
cuadros, que su forma inicial -arrebatada-no le permite observar mas allá.
Es
ahí en una de las tantas esperas, y
conversaciones, un día entra un caballero
que al parecer se escapó de esas
enciclopedias que detallan la apoca de oro de los años 20 el venia de
esos libritos y fue a dar una vuelta, -algo así en mi cabeza- este hombre ya era mayor, que aproximado tendría unos 82 años, con sus lentes
redondos, un poncho gigante, una pequeña boina, un bastón de acompañante, su
estatura de 1.90 pero estaba un poco
encorvado por los años, y una gran barba,
se sienta y me pregunta muy
amable que café servía, le respondo café de grano artesanal, esboza una sonrisa
y me pide un café de grano. Noté que miro al mostrador donde había un librito,
que me salva en esos momentos cuando no pasa nadie me detengo a leer, y la
verdad estaba leyendo algo de la
felicidad, vi que movió su cabeza de su poca aceptación y suspiró.
Desde la entrada de este gran hombre algo en
mi cambio, no de forma abismal, sino con
esos detalles que le dan sentido a la vida. Me contó sus aventuras por
Sudamérica, me habla de su familia, con un poco de anhelo, él ha tomado una
decisión rotunda y drástica, decidió ir a ver a una de sus hijas a Canadá, pero
viajaría en bus por toda Sudamérica y
después se embarcaría en barco de cargas, mientras me contaba de su futura
travesía con ansias, sus ojos rejuvenecían cada vez que detallaba algo más.
Yo
asombrada cuando iba a servir su café de
grano, me detengo y lo miro, no pude contenerme en interrumpirlo sin
decirle algo:
-
Disculpe, pero no cree que es un poco arriesgado ese viaje, para un hombre de
su edad -es ahí cuando llena la pastelería de risotadas, y me mira responde con
una voz ronca:
-
Jovencita, míreme, soy un hombre joven, mi mente aun quiere más de esta vida,
yo quiero más, el espíritu es libre, no lo encierres, mi espíritu es libre y me falta tanto por vivir, por aprender, que no
puedo ser un hombre quejoso, y menos que mi propia mente me limite, la edad no
es una excusa para decir: No puedo.
La verdad las excusas son para limitarse a lograr las cosas, y bajar los brazos,
de hecho me falta aprender más francés,
y otros idiomas y comprare unos diarios en ese idioma, para leer y
seguir aprendiendo o hare un curso,-quedo pensativo por un momento.
En
ese momento me cohibí porque él tenía más energías que yo, hasta un poco
avergonzada de mi persona que he sido más quejumbrosa con solo 20 años, quede
en silencio y lo miraba con admiración,
mientras tanto escuchaba sus historias por la amazonas, la pastelería
seguía su curso normal, entraban familias a buscar pedidos de tortas, y yo lo escuchaba atenta, me
daba un poco ansias por vivir todo lo que el a he hecho en su vida, pero la
verdad no sabía si creerle, aun así lo
escuchaba, hasta cuando queda la
pastelería en calma, sólo aquel hombre anónimo de la época de oro ,contándome
de sus aventuras y su futura travesía, y bueno, yo lavando los trastos, una aventura
entre platos y tazas.
Escuché
por un instante que me llama insistente,
y era mucho por limpiar, pero me acerque, no contuve la curiosidad, miro de
reojo, andaba con un bolsito de cuero café
y me invita a mirar el contenido y no vi muy bien, me dice:
-
Aquí están mis tesoros, mi vida.
¡Eran
fotografías ¡tanto en blanco y negro, algunas medias amarillentas y otras a
colores, todas sus historias eran ciertas, fotos desde que el eran un joven
hasta los avances de su vida, contaba toda su vida esas ese papel, la verdad quede
sorprendida y mi admiración aumentaba el hombre suspira y me habla con
sinceridad.
-
La verdad mi vida no ha sido perfecta, he cometido errores abismales, y sé que
esos han sido los que me han hecho crecer y creer y ser más fuerte, me siento
tan joven, pero encerrado en este cuerpo un poco añejo,-me mira a los ojos de
forma constante y su tono de voz toma
fuerza- No pierdas la vida en aplazar momentos, porque pasan, la vida no da oportunidades si tu no das pie a
que te las den, así que como recomendación,
no se quede tanto tiempo con los sueños en la cabeza, porque los ira guardando como los cachureos
que uno junta en una pieza, y hasta quizás se te olviden. Vive por favor!, que el tiempo de vivir es ahora, que el presente nos ayuda para el futuro,
pero el futuro es un poco loco, da vueltas como el tango, el futuro y la vida
son cómplices traviesos junto con el tiempo, que el sí que no espera a nadie,
hasta anda más apurado, ellos nos cambian todo lo que creemos que siempre
estará ahí, así que viva, no aplace más sus sueños ni a las personas, escuche a
este hombre joven pero viejo, con un par de años más que usted, -se ríe un poco-porque
créame que si un joven escuchara más al hombre joven viejo sería un poquito más
sabio, y el hombre joven viejo sería un poco más joven con las energías que
regalan los jóvenes a tantos hombres y
mujeres jóvenes viejos.
Creo
que en ese instante quede con un nudo en la garganta, tenía mucha razón y
quería seguir escuchándolo, justo cuando le iba a pedir algún correo u número
de telefónico, algo para saber de él, solo le pude pasar el papel de la
pastelería donde estaba la dirección y otros par de datos y solo puse mi nombre
en el papel pero no le pregunte el suyo, y después sonó el teléfono, tenía que
contestar llegaban más pedidos de tortas, me pidió la cuenta y me cancelo,
justo cuando salgo a buscar las tortas, no me pude despedir de aquel hombre joven viejo, entre a la pastelería y no
estaba, fue extraño dejo un olor a tabaco y el olor de sus fotos entre humedad
y tiempo.
Que
un anónimo te regale tantas enseñanzas en un instante, no tiene nombre y precio.
Su imagen me quedo muy guardada, su bolsito de cuero con sus tesoros: sus
fotos. ¡Que contradicción! veo gente que acumula ¨tesoros¨ que no le sirven en nada, solo es un
materialismo innecesario matando sutilmente nuestra esencia, y recuerdo a este
hombre y sus fotos eran la mejor
herencia para cualquier persona en este mundo, eran su vida, sus recuerdos, eran
él.
Ya
ha pasado un tiempo aproximado de un año de aquella visita inusual, lo recuerdo
de vez en cuando, y cada vez que puedo cuento la historia, pero un día en la
pastelería llega una carta con estampilla de Canadá, su carta era breve tan solo decía: Alicia si yo puedo porque tu no? Adjuntó una foto donde el salía con su ponchito y saludando,
atrás decía LLEGUE A CANADA! También en el sobre había un par de boletos de buses y micros de
Sudamérica, de Perú, ecuador, Colombia entra otros lugares, era del hombre
joven viejo en un cuerpo que podría no acompañarlo, pero el sigue. Creo que no
había sentido tanta felicidad por un
par de papelitos y hace tiempo que no me sorprendía de forma grata.
Y ¿Qué espero? ¿Qué esperamos? Saquemos nuestros sueños de maletas polvorientas que
están en el cuarto de cachureos, y a cumplir los sueños, porque esta es la
vida, y el tiempo avanza, no hay por qué detenerse sino seguir.
Un
simple café de grano me dejo la lección y el recuerdo más simple y lindo de mi
vida.
Pajaroerrante